Mitiqueces
Ayer salí de la Paellera un tanto quemao y bastante hasta los huevos. Me fuí a mi casa con la firme intención de descansar y tal vez pillarme la peli sobre la vida de Ray Charles cuando de repente, me asomé a la ventana y lo ví…..estaban montando el escenario de una orquesta, y es que son las fiestas en Vieira-City y yo no me había enterado. Tenían un camión de esos que ya son escenario de por sí, con sus 200 millones de watios de sonido apuntando directamente a la ventana de mi habitación. Ante tal panorama decidimos ir a cenar fuera y postponer lo máximo posible el sufrimiento que se avecinaba.
Cuando regresé, la orquestilla estaba en pleno apogeo, una vez fusiladas las pertinentes versiones de Shakira, Amaral y demás caviar melómano me dí cuenta de que el cantante era asturiano, lo cual no tiene por qué ser necesriamente bueno ya que el tipo se arrancó con una versión tras otra del soplapollas de Melendi. Hay veces que desearía estar en Guantanamo. El caso es que botando irremediablemente sobre la cama me puse a pensar sobre la influencia musical en mi vida y de cuántas mitiquices hubo en la misma. Mis recuerdos se remontan a cuando ibas a la playa en el buga de papi, que levante la mano el que no tuviera en la guantera del Citroen GS Palas o del 127 una cinta de: a) Victor Manuel, b) La Década Prodigiosa, c) José Luis Perales y d) Maria Jesús y su acordeón o en su defecto una de Parchís. Joder, si me estaba acordando y me descojonaba sólo, “saca el güisquicheli para el personal……”
Mis primeros pinitos en esto de la música fueron cuando tenía 10 años, en una de esas funciones escolares y nosotros, que ya apuntábamos maneras, hicimos un playback de la mitiquísima “The Final Countdown”, aún recuerdo la guitarra de cartón llena de purpurina, la baturra hecha con un par de tambores de colón y yo, con mi super organillo Casio PT-1 colgado de una cuerda….sí amigos, meses más tarde me imitaría Nacho Cano, pero con más éxito. Ahí fué cuando me dí cuenta que en el mundo había diferencias de clase, porque yo que sabía algo de música tenía un Casio PT-1 y mi prima, que no tenía ni puta idea de nada tenía un mitiquísimo Casio PT-82, que tenía un slot de memoria con varias demos….hay que joderse. Luego Europe se separaron, ésa fué la primera ruptura de la que soy consciente, luego vendría la de Brenda y Dylan en Sensación de Vivir, pero no me afectó tanto. Lo peor de la separación de Europe fué la sucesión, lo que nos quedó después, Rick Astley, Jon Secada y Glen Medeiros, ahí es nada, aquellos tres solistas eran como Aznar, Blair y Bush pero en versión cantante de pueblo…..sólo escuchar en el más recóndito lugar de mi cerebro la melodía de “Nothing is gonna change my love for you…” y me entran escalofríos.
En el coche de mi padre (que había cambiado el Citroen GS-Palas marrón por uno igual, pero rojo, a causa de un trompo a lo Takuma Sato) había tenido lugar una evolución significativa. España se había abierto al mercado europeo y ahora, en lugar de mierda nacional se escuchaba mierda internacional. Un buen día apareció en el casette una cinta del pavo más hortera (con el permiso de Michael Bolton) que jamás dió la historia de la música, un tipo rubio con un moreno color zanahoria, una traje color crema con camisa salmón sentado a un piano de cola blanco, su visión aún me horroriza, era Richard Clayderman. Joder qué pesaooooooo!!!!!!, yo en realidad creo que fue el precursor del pop-chillout, aunque no se le reconozca. Nadie cómo él puede lograr que odies cualquier canción de los Beatles.
Mi vida siguió por un profundo camino de involución personal y llegué a gastarme la paga semanal en discos como “Máquina Total 5″, “Zona de Baile 2″ o un grupo que se llamaba “Technotronic”. Afortunadamente un buen día cuando tenía 14 años alguien tuvo la genial idea de ponerme un disco de B.B.King y de prestarme el “It´s alive” de Los Ramones. Me compré una camiseta de Manowar y me dejé el pelo como David Hasellhof, mi madre me compró una guitarra eléctrica, una chupa de cuero con tachas y unas camperas de punta……así pasé por la época de instituto, como prototipo de heavy de barrio, pero muy contento de no acabar con el look de DJ techno-casual-sanote-soplapollas, con chándal y bolsita de Montreal-76 que comentaba el otro día. Ahora me he vuelto un auténtico gilipollas, sólo escucho música clásica y jazz, pero es que estoy mayor, ya lo decía antes de ayer.





Para miticas, el Sam Cook, que era lo que yo escuchaba yendo a la playuqui en el carro de la Concha (127 rojo, en este caso, con una puerta que si la abrias se caia). Y de ahi, al no menos mitico Elvis. Con lapsus para Madonna y DuncanDu, que hay cosas que todo futuro doctor debe sufrir para irse acostumbrando… En fin, Nolin, que no te olvides de Gigatron!
Besotes mil,
Tu Pinon
pues ya que sacas el tema… a ti que te va?, el jazz tradicional o la cosa esa de freejazz
Respondiendo a tu pregunta, a mí lo que me gusta es el Bop, ya sea Be-Bop o Hard-Bop. En especial Charlie Parker, Harold Land y Hampton Hawes. El FreeJazz no me gusta demasiado, tal vez aún no esté preparado para escucharlo…..
No se porque pero me da la impresión de que vosotros, en la época del “Máquina Total 5″ os metisteis demasiado acido, jejeje, porque awifredo, algo te tenias que meter pa escuchar eso.
Por cierto, alguien puede explicar la diferencia entre el jazz tradicional y el freejazz
a un neófito como yo???, o es que estáis hablando en clave???
Menos mal que siempre estaré yo para enderezar tu cauce musical, en breve te llegara ese CD de camela que me pediste JEJEJE.
up the irons.
La diferencia entre el jazz clásico y el free es difícil de explicar, habría que hablar de ritmo y armonía. Pero en cambio es sencilla de escuchar, ponte en tu casa un disco de Lester Young y luego otro de Ornette Coleman…..y creeme, notarás la diferencia.
p.d. ardo en deseos de que me pases la recopilación de Camela, qué caviar!!!!